viernes, 28 de septiembre de 2012

Ya solo nos queda la sonrisa de la Gioconda


Allí estaba , en el museo,
de espaldas a la pared
yo lo veo,yo lo creo
créalo y véalo usted.

Sonríe o no sonríe,
se mofa o se divierte.
 !! que suerte, que suerte
tuvo entonces Leonardo.!!
de ignorar el desenlace
de esa mueca indescifrable
que sigue oculta en el tiempo
con su gesto inescrutable
que no sabemos que hace.

Quisiera ser como él
y construir un poema
susurrándole al  pincel,
sentado en una onda
de aquel mar,
un verso a Gioconda
con sabor a miel.

A miel y misterio,
rellenando el cementerio,
tan serio y oscuro él,
con sonrisas vespertinas,
que no haya que madrugar
para saber que en el día
que comienza a despuntar,
una sonrisa lejana,
que nos invita a soñar,
por mucho que lo intentemos
no podremos sujetar.